viernes, 2 de septiembre de 2016

“AL FINAL, LOS QUE MÁS SUFREN, SON LOS QUE MENOS SABEN LO QUE QUIEREN”

Empiezo con la frase del título que escuché hace bastante tiempo. No recuerdo si fue que la leí en algún libro o revista,  quizás la escuche en alguna canción, será que la mencionaron en la televisión o simplemente me la dijo algún buen amigo. En ese entonces yo tendría 20 años y realmente no vislumbraba que curso tomaría mi vida.
Esta frase ansío enfatizarla a dos que tres personas cercanas a mí. En su momento lo haré. Por lo pronto, recuerdo con la frase, el horrible camino de incertidumbre; de no saber hacia dónde dirigirme y en algunas ocasiones no encontraba el sentido a mi existencia.

Alguien que se encuentra en una situación de “no saber qué hacer” podrá escudarse siempre con frases como estas: “Mis problemas son más grandes que los tuyos” “Mi situación es diferente” “Yo veo la vida de otra manera” “Mis problemas no tienen solución”. Yo mismo me ensimismé en estas declaraciones tan deprimentes.

Pero dijo un buen amigo: “Hay gente que se hace pendeja para pasársela bien”. Ahora me queda muy claro. Muy atinada la afirmación que mi amigo comenta. La mayoría de las veces culpamos a las adversidades, aunque las provoquemos nosotros mismos, y a la par, aquellas situaciones de las que no tenemos control. Curiosamente, aunque estemos con el agua hasta el cuello, no hacemos un alto y no nos permitimos hacer una introspección para ver si el que está en el error, es uno mismo. No es un camino fácil. Es mejor hacerse de la vista gorda, culpar a otros y simular tener control de tan mencionadas situaciones.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” Víctor Frankl, El hombre en busca de sentido. Éste libro es poderoso y personalmente me ayudó a afrontar mi situación personal, tomarla por los cuernos y cambiarla.

Tal vez, tú ya has dado ese brinco de estar seguro lo que quieres en la vida: formar una familia, estudiar cierta carrera, viajar, ser soltero, obtener algún trabajo en particular. Pero convives cercanamente con  alguien que no ha podido dar ese paso, no ha podido despegar y notas que no toma un rumbo fijo. Por extraño que parezca, esa situación te incomoda más a ti que a la persona misma inmersa en dicho problema.

 Me dieron una recomendación para dejar de atormentarme con las  decisiones (buenas o malas) de los demás (llámese familia, amigos, pareja). Repite serenamente “Es su vida, son sus pedos, que me valga madre” ¿Fácil?
Lo cierto es que no es tan fácil. Menos si aprecias a esa persona. Los católicos podremos llamarle pecado de omisión. Que cosa tan horrible. Uno preocupado por evitar el mal y ahora hay que preocuparse por el bien que no se hace. Bonita chingadera eso del pecado de omisión.

Alguien más podrá llamarle tiernamente “advertencia” No sé si suene mejor. Suena como aquellos “consejitos” que nos daban nuestros padres. Sí esos que nos incomodaban tanto, pero al final tenían razón.
Pues si amas a esa persona, como alguien lo hizo conmigo, le dirás con mucha prudencia, el riesgo al que se está exponiendo. Antes de que suceda algo peor.

La realidad es que esa persona, si es una persona madura, escuchará tu consejo en el mejor de los casos. En el peor, tal vez se aleje de ti. Pero estamos de acuerdo que estarás en paz contigo mismo.  Por decir lo que sientes. Sí. Aunque no te pidieron tu opinión, pero cuando se quiere, eso de pedir permiso para dar opiniones viene sobrando.

Nadie puede influir en las decisiones de alguien más. Ni el todopoderoso.  Porque tenemos la libertad de hacer lo que nos venga en gana. Siempre y cuando dicha libertad no afecte a mis cercanos. Es donde esa delgada línea de “hago lo que quiero” debe limitarnos a no caer en afectar al otro. Aunque me duele reconocerlo, la prudencia, en ocasiones, ayuda.

Concluyo con esta canción de Ximena Sariñana, hace poco puse atención a la letra:

“No quiero controlar la magia del momento, bailando hasta el final sin pensar que hay que parar a tiempo”. Muchas veces estamos encantados con alguna situación aunque no nos hace del todo bien. Ser prudentes y parar a tiempo. “La pasión nos quita la capacidad de decidir y otra vez me puedo arrepentir” Sencillamente aprender del error. “Al final, los que más sufren, son los que menos saben lo que quieren”





Gracias por leerme.

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