domingo, 15 de mayo de 2016

EL DÍA QUE VENDIMOS NUESTROS SUEÑOS


 

A veces leo historias de personas que se dedican a lo que realmente quieren y que lograron cumplir sus sueños, ya sean músicos, viajeros, emprendedores, escritores. Muy honestamente me pregunto ¿Qué hicieron ellos(as) diferente que no hicimos los demás?

Analizando mi caso, recuerdo que de niño y adolescente soñaba con dedicarme a la música, concretamente no recuerdo si quería ser cantante, guitarrista o compositor, pero estaba seguro que me dedicaría a algo relacionado con la música. También recuerdo me gustaba escribir, por eso he empezado este blog porque me gusta hacerlo y creo que aquello que es escrito debe ser leído por alguien más.

En la actualidad me dedico a la docencia musical, una muy noble labor, que con el tiempo he aprendido a amar y valorar. A pesar de que es un empleo no muy bien pagado, tiene buenas temporadas vacacionales, pero no deja de ser desgastante y frustrante más aún en el área de las artes.

El punto es que pienso un poco en el niño Allan, que tal vez si viniera del pasado, se defraudaría un poco con lo que soy ahora. Al final de cuentas trabajo para una empresa y cumplo los sueños de alguien más, no los míos.

Tengo la teoría de que nos han hecho creer que necesitamos la seguridad de un ingreso fijo semanal o quincenal y vivimos encadenados a deudas eternas para obtener nuestro poco patrimonio. Nos han creado la necesidad de necesitar.

En ocasiones me abrumo con tener un ciclo de vida así: Nacer, crecer, estudiar, casarte, tener hijos, pagar sus estudios, tus hijos se casan, sigues trabajando, te jubilas, te deprimes, eres abuelo, mueres. TODOS DESTINADOS A ÉSTE CICLO COMÚN.

El año pasado viaje a Alicante, España y conocí un negocio de horchata.  Tal vez aquí en México ese negocio no funcionaría, pero lo cierto es que allá  tienes que hacer fila para probar esa deliciosa horchata. Dicha horchata no está elaborada de arroz como acá, pero aún recuerdo su particular sabor. Lo que llamó mi atención fue la historia de las dueñas del negocio. Trabajan la temporada alta en el negocio. Pasando dicha temporada, con lo recabado, viajan a alguna parte del mundo. Al finalizar el viaje regresan a casa a continuar con el negocio en una nueva temporada.

Te preguntarás ¿Y sus estudios? ¿Su estabilidad laboral? ¿Su jubilación? Lo cierto es que les ha funcionado por años, pero estamos tan programados al estilo único de vida que nos es imposible concebir otra forma de vivir.

Como esta historia tú debes conocer a alguien que se dedica a lo que realmente quiere. En el fondo sentimos un poco de envidia, porque sabemos que ese alguien que conocemos, es alguien  que realmente persiguió sus sueños. Inconscientemente queremos minimizar sus logros haciendo expresiones como: “viven al día”  o “tienen un seguro incierto”. Aquí lo irónico es que por más que uno trabaje, ahorre, prevea y demás, el futuro es incierto para todos y más ¡viviendo en México!

                                                                                    
Te comparto todo esto, porque en este momento de mi vida he querido retomar dos que tres sueños abandonados y siendo honesto me emociona bastante. Aunque es dejar lo seguro por lo incierto, no deja ser excitante la idea.

Estoy seguro que alguno que otro que lea estas líneas, me podrá asegurar que es feliz con seguir el ciclo común que nos propone la sociedad, y lo creo. Pero parte de escribir esto,  es hacer conexión con aquellas personas que como yo nos sentimos tan ajenos a dicha propuesta, tal vez es consecuencia de estar loco, pero, por lo menos para mí, la locura es sinónimo de felicidad, de mi felicidad.


Me gustaría que compartieras este escrito y comentaras esos sueños que tenías de niño. ¿Cuánto te pagaron por olvidar esos sueños? ¿Vale la pena tu tiempo, cansancio, entregar tu vida a una empresa? ¿Cuándo fue el día que vendiste tus sueños? Pero más que contestar lo anterior espero encontrarme con alguien que si logró cumplir sus sueños.

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