
Las relaciones humanas son difíciles, eso está más que
claro. A veces estamos en situaciones incomodas
en las que sabemos perfectamente que si “hubiéramos” tomado otras decisiones,
o actuado de otra manera, la realidad seria otra. Aquí lo trágico del asunto es
estar consciente de que “lo hecho está hecho” y no queda más que aceptar las consecuencias
de nuestras malas o buenas decisiones. Sin embargo es común darle vueltas a una
situación con el famoso “hubiera”. He aquí mi propia clasificación de “hubieras”
(Basados en mis muy penosas y equivocadas decisiones)
“HUBIERA DICHO ÉSTO”
Por la boca muere el pez. No hay nada más hiriente que las
palabras y me consta. Cuantas veces estamos en una situación en la que no
podemos conectar la boca con la cabeza. Automáticamente empezamos escupir
palabras casi a la misma velocidad de la que nos arrepentimos de decirlas. Pues
bien, el dominar este “hubiera” es toda una habilidad de personas con una
paciencia, prudencia y temple enorme que saben cuándo
y cómo utilizar las palabras (evidentemente no soy una de esas personas).
“HUBIERA ELEGIDO ESTO”
Llámese boleto de lotería, carrera profesional, ropa, momentos
de placer, etc. Somos consecuencia de las decisiones que tomamos. Son tantos los
factores que influyen en una decisión, que realmente ninguna la tomamos
libremente al 100%. No obstante, esas malas decisiones nos dieron la madurez
para tomar mejores decisiones en el futuro. Aquí lo importante es aprender del pasado y no
volver a cometer el mismo error. (Pocos logran el aprendizaje de éste hubiera).
“EL HUBIERA DE MI PRÓJIMO”
Si Dios me concediera un súper poder, me gustaría influir en
las decisiones de los demás. Es imposible no enojarse cuando un amigo, un
familiar, un compañero de trabajo toma una mala decisión. No sé por qué tenemos
este instinto de mesías, de querer ayudar en la vida de otros (aun cuando
nuestra vida es un desastre) Pero ahí está
esa molesta voz que dice “Ayúdale, la está cagando” Eso mismo han de pensar
otros sobre mí. Sin embargo hay que dejar ir. No nos podemos enganchar puesto
que no tenemos la mínima oportunidad de elegir por otros. Es su
vida y ellos tendrán que aprender de sus decisiones, aunque no nos gusten. Solo las personas
libres logran que no les afecte este hubiera. (Trabajo mucho en ello)
“HUBIERA PREFERIDO NO CONOCERTE”
Él hubiera que más duele. Aquí no aplica la familia, nos
guste o no, cargaremos con ella toda la vida, así que resignación. Aplica en
amigos, parejas, amantes, etc. Como lo dije en un inicio, casi podría jurar que
el 80% del desgaste humano es por las relaciones con los demás. Cuando llega el
sufrimiento a una relación sea de pareja o amistad, anhelamos con unas ansias
locas el regresar en el tiempo y haber evitado conocer a alguien. Tal vez no
cruzar tal o cual calle, no haber ido a alguna fiesta, no haber entrado a tal
lugar. Lo curioso es que cuando tuvimos aquel encuentro, en cierto momento, lo recordábamos con una nostalgia y alegría inigualable.
Lo más provechoso de separarte de alguien, es hacer el conteo de lo aprendido
de esa persona. Es dejar ir. ¡Qué difícil pero que necesario es dejar ir! Y
aplicamos todos los “hubiera” anteriores, porque al fin de cuentas, conocer a
esa persona fue nuestra decisión y es aquí donde damos entrada a un gancho en
el hígado hacia nuestro ego y nuestros más escondidos miedos. Es de maduros (definitivamente no hablo de
mi) Tomar todo lo bueno de esa relación. Decir adiós. Y estar dispuestos a
conocer otra maravillosa persona.
Pienso en las decisiones que he tomado últimamente. Me sería
difícil clasificarlas en buenas y en malas, cada una de ellas tiene sus “pro” y sus “contra”. Sin embargo
estoy satisfecho de que fueron mis decisiones.
Mías totalmente.
Termino con las palabras de Ángeles Mastretta:
“Yo me comprometo a vivir con intensidad
y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo ni
por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada. Me
comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me
comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me
conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga
paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme: ni la pena ni
el éxtasis para que cuando sea viejo tenga como deleite la detallada historia
de mis días.”